Tras el fin de semana en León del que os hablé ayer, me fui a pasar una semana de vacaciones con la familia. Nos alojamos en una casa de un amigo de mis abuelos, en San Mamés, un pequeño pueblo perdido en mitad de las montañas de Cantabria.



Vistas desde la casa en San Mamés

Mucha paz, tranquilidad y descanso, ideal para desconectar un poco del ajetreo de la gran ciudad, y disfrutar un poco del contacto con la naturaleza antes de irme a Tokio. También aprovechamos para realizar varias excursiones y visitar otros pueblos de la cordillera cantábrica, y disfrutar de la comida de la zona, así como de buen vino español en abundancia. Cocido lebaniego, patatas con jabalí, paella con liebre de caza, y muchas cosas más que seguramente echaré de menos en Japón.



San Mamés por la noche

Una visita especialmente interesante fue la que hicimos a la cueva de “el soplao”, recientemente habilitada para visitas, y la cual es muy bonita. Es especialmente famosa por lo que llaman “formaciones excéntricas”, que son un tipo especial de formación que se dan de forma especialmente abundante y vistosa en esta cueva, hasta el punto de que en algunos momentos te parece estar bajo el mar rodeado de arrecifes de coral.



Formaciones excéntricas en “el soplao”

Una anécdota muy curiosa de esa semana tuvo lugar una de las últimas noches. Bajamos a cenar a un pueblo que estaba a dos kilómetros de San Mamés, dado que era el pueblo más cercano con bar, y allí me encontré con una pareja de japoneses, que iban a cenar en el mismo sitio. Me puse a hablar con el hombre (la mujer apenas sabía un par de palabras de español), el cual me contó que llevaba 20 años trabajando en Madrid, en una agencia de viajes. Yo recordé que Mikami, el que fuera mi “maestro” en el club de Go de Madrid hace unos años, tenía una agencia de viajes en Madrid, y al preguntarle al respecto, me dijo que precisamente Mikami era su jefe. El mundo es un pañuelo… :p



Paseo nocturno

Estuvimos hablando de bastantes otras cosas, y me dio algunos consejos para Japón. Como siempre que he tratado con japoneses, quedé encantado de lo amables y simpáticos que eran, y me queda la duda de si son todos así. Pero bueno, en una semana estaré en Japón y podré comprobarlo :D